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REVISTA DE LA FACULTAD DE ANTROPOLOGIA - UNSAAC

Categoría: DISOCIALES

11 Febrero 2007

DISOCIALES

¿A nadie llamó la atención, todavía, ese pequeñísimo detalle tan próximo a nosotros mismos? En otras palabras: ¿no te sorprende el curioso hecho -a la vez tan cotidiano, ajeno y distante- de que pese a ese letrerote en letras negras, ubicado al frente de nuestra facultad, Ciencias Sociales esté eternamente segmentada? ¿A qué se debe


que, quienes nos interesamos en aspectos tales como el estudio de la organización social de grupos, por ejemplo, seamos incapaces de organizarnos -nosotros mismos- en provecho de una mayor autonomía en las decisiones que nos incumben como estudiantes? Antropólogos, arqueólogos e historiadores (o quienes estamos en camino de serlo) nos miramos unos a otros con recelo y desconfianza. ¿Y eso por qué? ¿Desde cuándo sucede así? ¿Desde qué época se impuso esta clara y evidente divisoria de aguas, que ha dado lugar -precisamente- a que no tenga lugar ni el intercambio de impresiones desde nuestras respectivas disciplinas especializadas, ni la realización de eventos académicos que nos incluya e involucre a todos por igual, ni tan siquiera el mínimo trato? ¿Acaso no estamos cansados de escuchar, hasta el hartazgo, el recurrente discursillo acerca de la necesidad de producir estudios interdisciplinarios, que nos permitan tener esa mirada holística e integral que el análisis de todo fenómeno socio-cultural requiere? Y sin embargo, ¿de qué vale insistir demasiado en el asunto, si a la hora de la hora cada cual mira para su propio lado? Y si no, baste un simple y concreto ejemplo para de-mostrarlo: las tesis de licenciatura. Desde el inicio mismo de la existencia de nuestra facultad, hasta la fecha ¿cuántas tesis, creen ustedes, han sido realizadas mancomunadamente por un antropólogo y un historiador? [1] Y lo mismo puede decirse de investigaciones con-juntas elaboradas entre un historiador y un arqueólogo, o entre un arqueólogo y un antropólogo. Es igual. No existe ni tan siquiera un solo caso en que unos a otros nos prestemos auxilio en la labor investigadora. ¿Y eso debido a qué? ¿Acaso existe algún tipo de impedimento, desde el punto de vista del reglamento y la normativa, que desestime la posibilidad de presentar una tesis que aborde una misma problemática bajo una perspectiva histórico-antropológica, por poner el caso? (Si es así, va siendo hora de que cambiemos es-te estado de cosas) ¿O es que aún pudiendo ser factible, a nadie interesa sustentar la tesis junto a un colega de otra carrera de socia-les, por cuestiones ligadas –sencillamente- a la enemistad que nos tenemos?


Yo pregunto, ¿dónde hay que rastrear las causas de tan incómoda convivencia? ¿A qué se debe que, en nuestro imaginario, “el otro” haya sido construido como aquel que nos es enteramente indiferente; o bien como alguien que nos genera un natural rechazo, un fuerte antagonismo? Por otra parte, ¿sucedió siempre igual? ¿O hay


un momento preciso, a partir del cual surgió semejante animadversión? ¿Cómo es que se reproducen, una y otra vez, nuestras connotadas creencias acerca de quién es “el otro”, y quién nosotros mismos? ¿Bajo qué mecanismo se hace posible que un estudiante cachimbo, por decir, a poco de ingresar a la carrera profesional desarrolle los “debidos” anticuerpos hacia estudiantes de las otras disciplinas? Y ojo que lo que se describe no es privativo de unos ni ajeno a otros: funciona indistintamente, tanto si hablamos de historia como de arqueología o antropología.


Bien, sugiero que entre todos -todos juntos y sin división de carreras- interroguemos “a los antiguos”; que les salgamos al encuentro para conocer las causas de una coyuntura que definitivamente no nos beneficia en nada. Al contrario, entorpece nuestra desarrollo y el de las ciencias sociales. Y además de no ser una coyuntura de provecho para estudiantes próximos a convertirnos en profesionales, no lo es tampoco para la sociedad peruana a la que nos debemos; sociedad que re-clama a gritos la urgencia de que reacciones y tomemos en serio a nuestras expectativas de ser formados lejos de la mediocridad reinante


Entonces, si esa coyuntura no nos beneficia en lo más mínimo, habrá que preguntarse al interés de quién sirve. ¿Acaso juegan algún rol, docentes o autoridades universitarias, en relación a esta suerte de guerrilla silenciosa en la que -aún sin quererlo ni merecerlo- estamos embarcados los estudiantes? ¿Se encuentran, nuestros propios docentes, más allá de estas disputas? ¿O mas bien es a raíz de sus propias rivalidades que, al menos en parte, hemos caído en esta falsa conciencia “del otro”, alimentada a lo largo de los años? En una palabra: ¿quién tiene conocimiento y memoria acerca de cómo, cuándo y por qué –y obedeciendo a qué propósitos- se dio tan pronunciada separación entre nuestras disociadas carreras de sociales?


Para concluir, permítanme contarles una pequeña anécdota al paso. Los otros días, como por casualidad, se inició una conversación en torno a este tema, entre estudiantes pertenecientes a las tres carreras que nos encontrábamos -en ese momento- en un ámbito común a todos: la biblioteca. La conversación discurrió en un tono bastante amistoso, y dio lugar a reilonas y al acopio de un material interesante que quiero compartir con ustedes. En breve, diré que hablamos sobre los diferentes arquetipos que tienen los historiadores del antropólogo y el arqueólogo; o los antropólogos del arqueólogo y el historiador; o bien los arqueólogos del historiador y del antropólogo. Muchos de los resquemores se asocian a la variable trabajo, a la problemática laboral que a todos aprieta.


Unos a otros se acusan de invadir territorio ajeno, vale decir: de quitarse chamba. Sobretodo, se acusa al antropólogo de ser un metiche, de haber adquirido el mal habido hábito de meterse donde nadie le llama. Otro de los temas peliagudos tiene que ver con el reclamo a la falta de valoración y respeto, por parte de unos, al aporte y contribución de las otras disciplinas. Por ejemplo: existe un tópico sobre los historiadores, que sostiene que éstos son incapaces de generar teoría. Por otra parte, también se les machaca que no hacen otra cosa que fungir de narradores de cuentos. Además de lo mencionado hasta acá, hay quienes afirman que existe una suerte de imposibilidad de que antropólogos, arqueólogos e historiadores entablemos una conversación sensata todos juntos; ya que al parecer cada uno hablaríamos un idioma incomprensible para el resto. Por último, y sin pretender agotar el asunto aquí esbozado, nos inquietaba saber de dónde provenían esas distintivas broncas entre arqueólogos y antropólogos. Hubo quien sostuvo que el meollo del asunto se asocia a un tiempo en que la arqueología se desprendió de la antropología, como una de sus ramas. A raíz de ello los antropólogos se dan aires, actualmente, afirmando que los arqueólogos son sus hijos, y no precisamente los más dilectos.


En fin... Lo curioso de todo es que pese al conflicto de territorialidad; y a pesar de los acostumbrados problemas domésticos, tan comunes entre vecinos; pese al claro sentimiento de pertenencia a la etnia respectiva, por parte de cada uno de los que allí dialogabmos, la conversación discurrió y acabó en buenos términos, siendo enriquecedora para todos. Claro que había algo más, algo que nadie mencionó pero que todos sabíamos que siempre está ahí (a la vez invisible y con una fuerte presencia que se respira en el aire) Me refiero a las trincheras que se han levantado a uno y otro lado de Ciencias Sociales, a raíz del problema asociado a las internas políticas en la búsqueda del poder y gobierno universitarios.


De acuerdo, política es política, y nadie dice acá que tal actividad no sea - inclusive- una parte fundamental vinculada a la labor de los científicos sociales. Pero ¡ojo!, mucho cuidado con que nuestras carreras se conviertan tan solo en plataformas desde las cuales se lancen quienes aspiran a esas otras instancias. En todo caso, como estudiantes, no nos dejemos manipular. Y comprendamos, de una vez por todas, que historiadores, antropólogos y arqueólogos- nos debemos unos a otros.


Eso es todo. Muchas gracias...


Juan Cincunegui


jcincunegui@yahoo.com

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En este espacio se publicara algunos articulos que son emitidos en la revista "NOSOTROS OPINAMOS" de la facultad de antropologia UNSAAC, los articulos escritos por los dicentes de la carrera, ademas de tocar temas concernientes a las misma tambien tienen espacio para algunas lecturas reflexivas acerca de la cultura y mucho mas, esta buenazaaa leeanla esta es una invitacion a todo el publico en general pero mas que todo para los de la carrera, cada semana publicaremos mas articulos, no se la pierdan ehh.. - EDWARD PIERRE -

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