INESPERANZAS
Lunes 7 de la mañana entre apretones automovilísticos y también de otro tipo, finalmente llegamos a nuestras carpetas. Empieza un nuevo día. Llenos de entusiasmo deslizamos nuestras plumas en el papel y con cada pincelazo la muralla de incoherencias entre la razón y la acción se hace más grande, en relación inversa a aquel GRAN ENTU-SIASMO con el que lunes a lunes trazamos nuestro camino al “éxito”. El mismo GRAN ENTUSIASMO que viernes a viernes nos conduce a la chichería más cercana, para luego terminar en alguna tocada chupando caña y luchando contra la pobreza, por la libertad sexual, la igualdad social y los derechos humanos o finalmente rindiendo homenaje a algún trovero, inspiración de nuestra causa.
Así, completamente comprometidos con nuestra realidad social, andamos tambaleando por el mundo, parte por los efectos del alcohol (o por alguna otra buena amiga que nos acompaña en el camino), y también por la incertidumbre de que en unos años más estaremos con un ticket en la mano esperando el turno en alguna embajada, pidiendo a diosito, sea él quien sea, que nuestro “nice to meet you” salga lo más yankee posible. Para que en un par de meses estemos en algún café de corte parisino, de esos que abundan en Nueva York, sofisticadísimos e intelectualísimos, leyendo las cartas de amigos y familiares entre un capuchino y una cajetilla de Marlboro rojo. Esas cartas que nos hacen sentir héroes nacionales, por esa frase entonada con más fervor que el Himno Nacional (y que en mi opinión debería remplazar el paté-tico “Largo tiempo el peruano oprimido”), que nuestras madres repetirán en cuanto tesito de promoción sea posible.
“Mi hijito está triunfando en el extranjero”.
Y así, transcurrirán nuestras vidas de lunes a lunes y de viernes a viernes, entre cartas, cafés y cigarrillos, entre nostalgias y melancolías, hasta que decidamos regresar, por que fue por eso que nos fuimos, para poder regresar, que es lo más satisfactorio de haberse ido y bueno, claro, también para poder hacer algo por nuestro Perú, porque las cosas por nuestro Perú se hacen normalmente desde fuera.
Entonces como aquellos lunes a las 7 de la mañana entre apretones, que definitivamente ahora serán más de otro tipo que automovilísticos, llegaremos llenos de entusiasmo de lunes a lunes a algún viernes cansados de la chamba, indignados por la corrupción, nos sen-taremos a compartir unas copas (o un café o té por el asunto del colesterol), con algún amigo también comprometido con “la causa” para hablar sobre la importancia de mantener un régimen democrático, de lo caro que están las cosas o de lo lindo que era soñar a construir un mundo mejor y más justo, de viernes a viernes entre caña y caña.
No dejemos que la realidad nos despierte. ¡Que viva el Perú, carajo!
Verónica Pino
lunas_1333_azules@hotmail.com
